Drac Garcia

Drac Garcia no parece de este mundo. Da la sensación de que vive en otra dimensión, ajeno al ajetreo que reina en las calles de Figueres y a las prisas que llevan la mayoría de sus atareados vecinos. Habla tranquilo y sereno, en un tono conciliador que irradia paz. Es pura presencia. Sí, puede que él lo haya conseguido, y sepa cómo alcanzar y mantener ese estado mental de bienestar del que le gusta tanto hablar.

El caso es que tiene la formación y los méritos suficientes para hacerlo. A los 7 años los monjes budistas ya entraron en su vida, porque se alojaban en su casa invitados por sus padres. La serenidad y paz de estos religiosos le dejaron huella. Diez años más tarde, cuando la mayoría de adolescentes solo piensan en ligues y amigos, él meditaba y leía todo lo que podía sobre budismo.

Tiempo después pasó un año entero en un monasterio budista, y ahora, con 32 años, se ha formado durante seis meses en el principal centro de del movimiento Nueva Tradición Kadampa, fundado por Gueshe Kelsang Gyatso, un maestro que fue ordenado monje cuando era niño y que, tras pasar dos décadas formándose en monasterios tibetanos y otras tantas en retiros en el Himalaya, viajó a Occidente para predicar la doctrina de Buda.

La peculiaridad de la formación que ha recibido Drac en el Reino Unido es que las enseñanzas se han centrado en cómo aplicar el budismo en la vida cotidiana, cómo llevarlo a la práctica en el día a día. Y cuando se le pide una consigna básica para hacerlo, su respuesta es inmediata:

“Si comprendemos bien que el bienestar es una sensación que surge de la mente, si tenemos claro, por lo tanto, que su causa tiene que surgir de nuestro interior, solo eso ya hará que dejemos de buscar ahí fuera cosas que nos hagan felices”.

Y no hay excusa para quienes alegan que ese estado no se puede conseguir en nuestra bulliciosa sociedad occidental, porque, según sostiene, el estrés no se produce por el hecho de que nuestra mente no deje de pensar ni un momento, sino que su raíz radica en el tipo de pensamientos que tenemos.

“Si nuestra mente está todo el día con pensamientos amorosos, con pensamientos positivos, la mente está calmada y está bien. Si por el contario estás pensando cosas como: ‘Mira qué me ha hecho este’, todo el día, lo sufres todo el día. Pero si piensas: ‘Que sea feliz, que sea feliz’, te surge amor, felicidad y gozo durante todo el día”, afirma.

Drac imparte cursos de meditación, en los que parar la mente es un estado preliminar para alcanzar otro objetivo. Para él, meditar es concentrarse en una sensación, un pensamiento o una idea positivas, para que la mente se envuelva en esa positividad y entonces experimente gozo y bienestar.

En esa concentración hay una parte de sentimientos de amor y se busca llegar a querer a los demás de manera incondicional, sin esperar nada a cambio. La meditación tiene una segunda parte en la que se cultiva la sabiduría. Porque al final, si sufrimos y estamos agitados es porque no sabemos cómo estar bien. Y no lo sabemos por pura ignorancia.

“Ir despertando, ir descubriendo realidades, nos quita de esta lucha que tenemos constantemente con el mundo y con esas decepciones que tenemos constantemente, esa depresión, el miedo, el enfado… todo eso viene de la pura ignorancia, de no saber cómo gestionar… entonces se crea una lucha interna entre nosotros y el mundo. Cuando se frena eso, cuando se disipa esa ignorancia, ya no hay lucha y solo hay paz”, explica.

“La ignorancia -prosigue- nos impulsa a querer arreglarlo todo. Porque pensamos que si esta persona estuviera conmigo, estaría bien, que si tengo más dinero, estaré bien, que si la salud se mejora, estaré bien, y en realidad nuestro bienestar no depende de nada de eso. Es un estado mental y, entonces, depende de la mente, de cómo la tengas”.

Drac propone diversas cuestiones para centrar en ellas nuestras meditaciones. Son sencillas pero muy profundas. Constatar que no somos el centro del universo y que todo lo que tenemos procede de los demás, que algún día moriremos y que la hora final nos puede llegar hoy mismo, y respecto al apego a las personas, le gusta hacerse a sí mismo esta pregunta: ¿Qué es lo que me falta a mí que necesito de los demás?

“Nos falta seguridad, y entonces buscamos personas que nos den seguridad. Nos falta cariño hacia nosotros y entonces buscamos personas que nos den cariño.  Nos faltan muchas cosas, y entonces vamos llenando todo eso. Y creamos esta dependencia, este apego. Estamos buscando ahí fuera algo que nos llene”, insiste Drac.

Pero también expone una cuestión de fe que no es compartida por todo el mundo. Para él, convencido budista, la mente no es material y va viajando vida tras vida. Durante las sucesivas reencarnaciones, las personas tienen distintos hijos y también son hijos de distintos padres. “Esa visión más amplia de la película –dice-, también ayuda a relativizar mucho las cosas y te permite amar a las personas de manera más amplia y pura, de forma limpia e incondicional, sin pedir nada a cambio”.

El joven maestro aconseja meditar cada día, y recuerda que, además de la práctica formal, la que consiste en sentarse a meditar en un cojín, también se pueden hacer prácticas informales, incluso cuando uno viaja en autobús. “La meditación es concentrarse en algo positivo, y eso lo puedes hacer en cualquier parte y en cualquier momento”, afirma.

Práctica Mindfulness

Cuando alcanzas ese estado de paz y bienestar que proporcionan los pensamientos y sentimientos positivos, Drac aconseja trasladar esos estados a la vida activa utilizando el mindfulness, lo que él llama la retentiva mental, que es la parte de la mente en la que está la memoria.

“Se trata de no olvidar. Con la meditación llegas a un estado, y lo que hace el mindfulness es mantener ese estado. Es un músculo de nuestra mente que se encarga de sostener eso a lo largo del tiempo, y se puede entrenar, como el que va al gimnasio y hace pesas. El amor hay que entrenarlo igual, porque no sale natural”, explica.

“Lo generas y lo contemplas (el estado mental positivo a través de la meditación). Y si te toca el corazón, llegas a un estado de gratitud y de amor, y eso, si dejas silencio, lo puedes mantener y llevar a tus acciones, y eso lo haces con el músculo del mindfulness”, precisa.

En sus clases se habla del valor de la vida humana. Una vida que a veces despreciamos porque no nos damos cuenta del regalo que es. Y que para muchos está vacía “porque no entienden su valor y por eso hacen cosas que no les llenan”.

También se habla de la muerte en sus cursos. Suele ser el segundo tema de meditación. Reconocer que esta oportunidad única de ser felices que proporciona la vida puede terminar en cualquier momento. “Y eso es otra realidad que no queremos asumir nunca. Si viviéramos con esa conciencia todo el día no haríamos ni la mitad de las tonterías que hacemos”, advierte.

“Sí, puede que me muera hoy, y tengo que aprovechar esta vida para cultivar el amor y la sabiduría, porque es la única manera de estar bien. Y con el mindfulness sostienes esa sensación, para que se quede bien impregnada dentro, en tu corazón, y luego lo puedas llevar a tu día a día, en todas tus acciones, en todos tus pensamientos, en cada persona que te encuentras”, anima.