El Camino de Santiago cura. O para ser más exactos, es beneficioso para la salud emocional y psicológica de la mayoría de personas que realizan algunos de sus itinerarios. Eso es, al menos, lo que se desprende de los datos preliminares de un estudio sobre los efectos terapéuticos de la famosa ruta del apóstol que da nombre a la capital gallega.

Albert Feliu, doctor en psicología y uno de los investigadores del Parc Sanitari Sant Joan de Déu, es un enamorado del Camino de Santiago y del Mindfulness. Hace tres años, durante un congreso sobre la atención plena celebrado en Sao Paulo (Brasil), coincidió con otros estudiosos que, como él, también han ejercido varias veces de peregrino.

En una de las ponencias se habló de los posibles beneficios de esta ruta y a Albert Feliu y sus colegas se les encendió una luz. Esto hay que investigarlo, se dijeron.

“Nunca se había hecho un estudio a gran escala para intentar entender qué es lo que pasa durante el Camino de Santiago y por qué muchos peregrinos aseguran, cuando lo acaban, que ese viaje les ha cambiado la vida”, señala Feliu

El psicólogo, que precisamente se encuentra entre este grupo de afortunados, explica: “Durante muchos años he hecho el Camino y siempre, al terminar, he observado cambios. Al compartir esta apreciación con otros colegas que también han hecho la ruta, me confirmaban que ellos habían experimentado lo mismo que yo”.

Una vez decididos, plantearon las bases de la investigación, que carece de financiación exterior, y hace un año empezaron a recoger datos para el llamado Proyecto Ultreya. En un principio, la muestra era bastante amplia, de unas mil personas, pero no todos los participantes reunían los requisitos exigidos en el estudio.

Por eso, finalmente la muestra se redujo a algo más de un centenar de personas, ya que los cuestionarios pretenden evaluar el estado de los participantes antes de hacer la ruta, los días inmediatamente posteriores a su finalización y, por último, una evaluación final tres meses después de haber acabado el itinerario. De momento, los datos preliminares del estudio son prometedores.

“Hemos detectado un cambio a nivel de mejoría del estrés, depresión, ansiedad y mejorías en cuanto al afecto positivo, capacidad para poder vivir una vida satisfactoria, felicidad y, también, capacidad para poder vivir una vida más centrada en los propios valores”

Los investigadores también han detectado un aumento de las capacidades relacionadas con el Mindfulness, así como un incremento de las competencias para poder vivir una vida más desapegada, en especial respecto a los bienes materiales.

Feliu insiste en que hay que tomarse con cautela estos resultados, ya que considera que la muestra todavía no es lo suficiente significativa. Además, apunta que estas mejoras podrían deberse al hecho de estar de vacaciones, de mantener un mayor contacto con la naturaleza (como ocurre en los famosos baños de bosque)  y de llevar a cabo una actividad que requiere un cierto estado de retiro espiritual..

Por eso quieren proseguir el estudio, para ampliar la muestra y poder comparar los resultados con los de otros grupos de control que estén llevando a cabo unas vacaciones más convencionales, como por ejemplo pasar unos días de descanso en la Costa Brava.

“No solo queremos ver qué pasa cuando haces el Camino de Santiago, sino que también queremos averiguar por qué pasa”, explica el investigador

En su primer estudio sobre sus efectos terapéuticos, han comprobado que no hay grandes diferencias entre las personas que hacen la ruta solas o las que van acompañadas, ni entre los que se declaran católicos y los que dicen ser agnósticos o ateos.

Albert Feliu, en su despacho del Parc Sanitari de Sant Joan de Déu

Otro dato curioso es que entre los peregrinos que aseguran haber tenido más vivencias de comunión o unión con el mundo exterior mientras hacían el Camino de Santiago se da una repercusión beneficiosa todavía mayor. “Aquellas personas que dicen tener más a menudo estas experiencias mejoran más, sobre todo en el afecto positivo, en satisfacción con la vida y en algunos aspectos del Mindfulness muy interesantes, como la capacidad para no juzgar”, señala Feliu.

Uno de los aspectos terapéuticos del camino está relacionado con el hecho de retirarse a un entorno natural. Pero el psicólogo también destaca que puede haber otros aspectos involucrados, como el hecho de centrar la atención en caminar durante tantos días seguidos, que tiene algo de meditación, y otras variables, como la aceptación del dolor que inevitablemente acompaña a los peregrinos, que suelen acabar con los pies despellejados después de tantas horas de ruta.

“Probablemente, el hecho de convivir tantos días con el dolor físico, y en un contexto de sentido (se continúa andando porque uno quiere andar y le encuentra sentido al dolor), podría estar detrás de cambios en la capacidad de Mindfulness”

También en la capacidad para no juzgar la experiencia presente, de tolerar aquellas experiencias difíciles que ahora mismo no podemos cambiar”, afirma.

Todavía hay muchas incógnitas sobre los efectos beneficiosos del Camino de Santiago. Por eso los investigadores de Sant Joan de Déu han puesto en marcha una web para captar más voluntarios que quieran participar desinteresadamente en el estudio (estudiocamino.org) y aprovechan todas las oportunidades para animar a todos los peregrinos a apuntarse en esta página.

 

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