La psicóloga y coach Joana Frigolé sabe explicar las cosas. Es didáctica, amena y argumenta con claridad el enfoque que utiliza para acompañar a las personas en procesos de crecimiento personal o para ayudarlas a  superar ciertos problemas y trabas de sus vidas. Esos “nudos” a los que se refiere ella.

Pero si es capaz de hacerlo así de bien, no es solo por su innegable lucidez y agudeza, también se debe a que pone mucho amor en todo lo que hace. Solo hay que verla sonreír, con una sonrisa próxima y cómplice, para darse cuenta de que detrás de esa mente analítica y reflexiva hay mucho corazón.

Frigolé ha publicado recientemente el libro ‘Posa llum a la teva vida’ (‘Pon luz en tu vida’), en el que ofrece una visión humanista del coaching, más allá de los planteamientos dirigidos al liderazgo y la dirección de equipos en las organizaciones empresariales. En su obra se habla de meditación, mindfulness y también de amor… una palabra que provoca cierto repelús en los ámbitos de dirección de las empresas.

“Pero no es un amor cursi y romántico, sino un amor desde el reconocimiento, desde el valorar. Ver algo que tú tienes, o ver el esfuerzo de los demás. Reconocer, valorar, respetar a los demás también es amor”, puntualiza la coach, que hace hincapié en lo importante que es reconocer el poder de las emociones en las familias y las empresas.

Frigolé explica que, por regla general, las personas que acuden a su consulta llegan con una historia en la que suele haber un nudo. “Y ese nudo nos está hablando de algo, de una creencia de fondo, de una forma de funcionar, de un patrón que uno ha estado utilizando hasta ahora y que ya no le sirve. Por lo tanto, tenemos que ir a buscar de dónde viene ese patrón y borrarlo”, comenta.

Tras observar en qué situaciones se ha repetido ese patrón, esa forma de reaccionar a determinadas circunstancias, llega la hora de darse cuenta de que no hay ninguna razón para perpetuar esa historia, de que, aunque eso ocurrió en el pasado, quizá incluso cuando uno era pequeño, ahora sería capaz de hacerlo de forma muy diferente porque tiene otras habilidades y otras capacidades. “Y eso es muy liberador”, afirma.

”Crecimiento personal es ver de dónde vengo, qué me ocurrió, cómo lo interpreté, qué haría ahora, a quién tengo pendiente de perdonar, y, sobre todo, qué tengo que agradecer. Porque la mayoría de personas llegan aquí con unas historias… de que no me han querido, de que no me han dado… con un sufrimiento brutal. Gente que lleva desde los 8 años contándose la misma historia”, explica.  Entonces ¿cómo se transforma todo eso? “Poniendo alegría y amor”, responde.

“Yo digo a la gente que interprete su vida como quiera, en el fondo nadie sabe dónde está la verdad… lo único que yo hago es regalarles interpretaciones que les sean provechosas, que les abran más posibilidades, como el pensar que tal problema o tal persona se presentó en su vida para que aprendieran algo”, puntualiza.

Frigolé considera que la psicología se ha centrado demasiado en quitar la tristeza, quitar la rabia, quitar el miedo, quitar lo malo de las personas. “Y yo digo: ‘No tienes que quitar nada, solo tienes que poner más amor y más alegría en tu vida’. Llenar el vaso una y otra vez de alegría, amor y ternura cuando esté lleno de tristeza, rabia y miedo, porque de esta manera los vas a disolver. Esa es mi forma de hacer coaching”, explica.

Por eso es tan rápido, porque en todo lo que sus clientes hacen ponen amor. “Viendo lo que sí les ha funcionado, lo que sí le han dado, lo que sí han recibido, lo que sí han hecho bien, en lo que sí han sido capaces, lo que sí tienen ahora”, insiste.

La coach considera que nos hemos acostumbrado a fijarnos en lo que no funciona para intentar mejorarlo, en lugar de fijarnos en los momentos en los que hemos hecho las cosas bien o hemos estado brillantes. Siempre estamos intentando mejorar y no lo conseguimos. Pero eso sucede porque lo que no funciona no se puede mejorar.

“El mío es el modelo de las fortalezas, mirarte a ti en lo que sí has hecho bien y mirar al futuro en lo que sí quieres, en lo que sí buscas. La alegría y el amor en futuro son el entusiasmo, la fe, la ilusión, la visión… Para despertar estas emociones y estas ganas, tengo que ser capaz de ver lo que sí he sido capaz de lograr y construir”, argumenta.

Por eso estructura el proceso del coaching en estos pasos: primero, reconocer de dónde vienes y ver cómo has llegado hasta allí. Después, tranquilizarse y conseguir estar bien con uno mismo. Y, por último, plantearse qué sería de tu vida si todo fuera fantástico, saber qué quieres. Para ella, una vida satisfactoria es aquella en la que uno fluye, y una vida es plena cuando llegas a sentir que estás haciendo aquello para lo que has venido a este mundo.

“Llega un punto, sobre los 40 años, en el que ya has sentido todo lo que puedes sentir, lo que cambia son las situaciones que te aporta la vida. Ya tienes mucho conocimiento y bagaje, entonces mira con todo eso al futuro.

Y no hace falta que tengas un plan, tienes que soltarte, como cuando eras pequeño. Cómo serían las cosas si todo fuera fantástico, qué estarías haciendo, quién te estaría acompañando. No pienses en el cómo, solo piensa en la foto final”, anima Frigolé, que trabaja estas cuestiones con técnicas de visualización.

Y para superar cualquier tentación de victimismo, esta especialista concluye con dos sabias recomendaciones. Tener en cuenta que las personas difíciles que aparecen en tu vida te están enseñando lo que tienes pendiente de aprender.

Y recordar que es imposible conseguir una relación equilibrada con otra persona si no la reconoces. “Si pienso que tendría que cambiar, que tendría que aprender, ahí no hay manera. A veces es difícil resolver determinados conflictos porque no somos capaces de ver lo que esa persona sí hace bien o lo que sí nos dio en un momento determinado”, advierte.