¡Ya lo sé! Esta sería una entrada ideal para septiembre o enero, cuando muchos de nosotros nos proponemos corregir los excesos de las vacaciones o de las navidades. Pero, lo siento, prefiero adelantarme. No lo hago porque sea un aguafiestas. No quiero dejarte sin las alegrías de los helados, la horchata, las noches de fiesta o las paellas a la orilla del mar.

No, lo que quiero es que disfrutes de todo eso al cien por cien, pero en su justa medida, porque entonces te sentirás mucho mejor y llegarás a septiembre mucho más a gusto contigo mismo. Y, quién sabe, quizá en vacaciones, sin presión laboral ni estrés, te es más fácil probar ciertos hábitos saludables que luego puedes incorporar a tu vida cotidiana.

En la alimentación consciente no hay dietas, ni alimentos prohibidos, pero sí hay una consciencia de lo que se come, de qué alimentos son nutritivos y aportan más beneficios a nuestra salud

También se es consecuente con las cantidades. Se come lo que se necesita y sabemos lo que necesitamos porque estamos atentos y escuchamos a nuestro cuerpo. Créeme, disfrutarás más de todo y te sentirás más feliz. Sin obligaciones ni prohibiciones, solo con decisiones conscientes de lo que quieres comer y de lo que no.

Estos son los consejos:

1)  Entorno adecuado

Come siempre sentado con plato y cubiertos, nunca de pie ni delante del armario o la nevera. Deja a un lado el móvil, Ipad, TV, radio… cuando conectas alguno de estos aparatos, te desconectas tú. Procura que el momento de la comida sea un tiempo agradable, evitando en la medida de lo posible las situaciones tensas o poco apacibles.

2)  Come cuando tengas hambre

Antes de empezar, pregúntate qué tipo de hambre tienes. Si es hambre del estómago o celular o si son ganas de comer para alimentar otro tipo de necesidad (del corazón, mental…) Conecta con tu sensor interno y recuerda que el hambre física aparece gradualmente, mientras que el hambre emocional suele ser imperativa (lo quiero ya) y normalmente se fija en alimentos ricos en grasa, sal o azúcar.

Beber un vaso de agua antes de cada comida ayuda a parar y a hacer la pregunta anterior, y a distinguir si se trata de sed o de calmar la ansiedad.

3)  Ve más despacio

Observa los alimentos que vas a comer. Agradece la comida y repasa cada tipo de alimento con la vista. Fíjate en los colores, texturas, formas y disposición en el plato. Inhala la fragancia de los platos. Imagina que el aroma te alimenta.

Mastica más y mejor. Al menos entre 15 y 30 veces antes de tragar, y bebe despacio. Saborea el líquido en la boca. Si comemos despacio, los nutrientes se combinan antes y las señales químicas de satisfacción ocurren antes. También se les da más tiempo para que lleguen al cerebro. El cuerpo obtiene más nutrición a partir de menos comida y la boca disfruta de más sabores.

Cuanta más hambre tengas, más importante es comer despacio y con atención. También es más importante con los platos favoritos para evitar que los engullas.

4)  Suelta los cubiertos

Es una de las maneras más sencillas y seguras de comer despacio. Cada vez que te lleves un trozo de comida a la boca, deja los cubiertos sobre el plato o el mantel. No los vuelvas a utilizar hasta que el bocado esté perfectamente masticado, saboreado y tragado.

Sírvete en platos pequeños y repite si tienes hambre. Estamos biológicamente diseñados para ver comida y querer comerla en su totalidad. Hasta que te sientas totalmente conectado con tu estómago, deja siempre algo de comida en el plato para aprender que no siempre es necesario comérsela toda.

5)  Come todo tipo de comida

Abandona la lista de alimentos buenos y alimentos prohibidos. La prohibición suele generar deseo y en cuanto tengas algo de ansiedad irás a por ellos. Recuerda que el descontrol se construye en el control. Deja que tu cuerpo te vaya diciendo poco a poco qué necesita. Confía.

6)  Deja de comer cuando estés saciado

Es decir, que a pesar de que podrías seguir comiendo, sientes en tu estómago que ya tienes suficiente (2/3 lleno o un 7 en una escala del 1 al 10). Para eso es importante seguir conectado con tu sensor interno a lo largo de la comida.

Come por lo menos en 20 minutos. Este es el tiempo aproximadamente que nuestro cerebro tarda en dar la señal al estómago de que ya tiene nutrientes suficientes y no necesitas más alimentos.

7)  Ecuación energética

No metas en el cuerpo más calorías de las que gastas. Sé consciente de tus necesidades de alimentación. Hay que buscar un equilibrio energético, de lo contrario, es inevitable engordar o adelgazarse. Con la edad, cada vez necesitamos menos calorías.

8)  Sustitución consciente

Busca sustitutos a esos alimentos con los que te recompensas o con los que cambias tu humor. Hay que ser imaginativos e intentar complacer a las numerosas voces interiores que nos piden ese tipo de comida, pero sin dañarnos o engordar. No se pueden reprimir, porque en la clandestinidad harían travesuras.

9)  Benevolencia y crítica interior

Cuando tu relación con la comida y el comer está desequilibrada, es fácil verse superado por las emociones negativas. Para contrarrestarlas, el primer paso es iniciar una práctica regular de meditación, porque te ayudará a calmar la mente y a crear cierto espacio en torno a las voces críticas interiores.

Ten en cuenta que solemos ser los peores críticos de nosotros mismos y que muchos trastornos alimentarios o problemas con la ingesta están relacionados con el rechazo de nuestro cuerpo. Siempre queremos ser más altos, más delgados, más guapos… el primer paso para solucionar los problemas alimentarios es aceptar y hacer las paces con nuestros cuerpos.

10)  Muévete

Deja los ascensores para la gente mayor y para los enfermos. Baja del autobús y cambia tus recorridos diarios, pero, como mínimo, muévete 30 minutos al día.

 

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