El problema del estrés

En su libro ‘Con rumbo propio’ (Plataforma Actual), el biólogo e instructor de Mindfulness Andrés Martín Asuero se sirve del terrible episodio de pánico que sufre un joven prehistórico perseguido por un oso para explicar con maestría que el estrés tiene su origen en el mecanismo evolutivo desarrollado a lo largo de miles de años por los seres humanos y el resto de mamíferos con el fin de salvar la vida en las situaciones de peligro.

Si un grupo de científicos actuales pudiera ‘monotorizar’ las constantes vitales del muchacho durante su huida de la fiera, comprobaría que el miedo al animal desencadena una poderosa reacción fisiológica en el cuerpo del chico con el fin de que pueda emprender la huida. En palabras de Martín Asuero:

El estrés tiene su origen en el mecanismo evolutivo desarrollado a lo largo de miles de años por los seres humanos

Es un mecanismo de defensa natural diseñado para responder a los peligros agudos de tipo ‘naturaleza salvaje’

Es menos agudo que en la antigüedad, pero al ser permanente provoca un gran desgaste en las personas

El cerebro y el cuerpo viven igual los peligros imaginarios o emocionales que los físicos y reales

No aparece y desaparece de una forma tan rápida como en el caso de la persecución de un oso. Y, además, en el caso del hombre de las cavernas había una respuesta en forma de huida o lucha que eliminaba la tensión acumulada.

Hay que recordar que el cerebro y el cuerpo viven igual los peligros imaginarios o emocionales que los físicos (perder la pareja, el empleo, no poder pagar la hipoteca).

El estrés es una respuesta del organismo ante cualquier cambio, demanda externa o interna que se percibe como amenazante, lo que lleva a la movilización de recursos fisiológicos y psicológicos para poder hacer frente a esas situaciones.

“Coordinada por la adrenalina, una hormona que activa simultáneamente varios dispositivos corporales, empieza la acción. El sistema nervioso se activa, para poner en marcha el mecanismo de huida. Los músculos, imprescindibles para correr, se tensan y el corazón empieza a latir con fuerza, la presión arterial sube y la sangre se bombea con fuerza para alimentar la demanda de la carrera.

Para que la sangre esté bien oxigenada, los alveolos se abren y la respiración se vuelve rápida y agitada. Puesto que la sangre es un factor limitante, el proceso de digestión del joven, que venía comiendo bayas, se interrumpe y toda la sangre del sistema digestivo se envía a los músculos. Es cuestión de prioridades.

  • Efectos nocivos

    Tensión muscular, hipertensión arterial, pulso acelerado, arritmias, trastornos de sueño, dolores crónicos de cabeza o espalda, mal genio, preocupación, prisas, problemas gastrointestinales, problemas sexuales

  • Malos hábitos

    También puede desencadenar comportamientos autodestructivos, aislamiento, sedentarismo, ansiedad, agresividad, trastornos alimentarios e incitar al consumo de drogas, tabaco y el alcohol

Como cualquier huida conlleva el riesgo de cortes y pérdida de sangre e infecciones, la piel se tensará para evitar hemorragias y el sistema inmune del organismo, que nos defiende de las infecciones, empieza a desplazarse a la periferia del cuerpo para vigilar la entrada de gérmenes”.

El estrés es, por tanto, un mecanismo de defensa natural diseñado para responder a los peligros agudos de tipo ‘naturaleza salvaje’. La gran diferencia es que el estrés moderno es menos agudo, pero se mantiene de forma más permanente en el tiempo provocando un gran desgaste en las personas.

En cantidades pequeñas, el estrés es una respuesta adaptativa y hasta saludable, pues ayuda a superar las situaciones adversas. Sin embargo, cuando se cronifica puede causar un gran desgaste físico y mental, lo que puede derivar en síntomas como la hiperestimulación, tensión muscular, hipertensión arterial, pulso acelerado, arritmias, trastornos de sueño, dolores crónicos de cabeza o espalda, mal genio, preocupación, prisas, problemas gastrointestinales, problemas sexuales.

Estas dolencias, junto con los efectos que se manifiestan (ansiedad, falta de energía), pueden provocar además más estrés por miedo a los síntomas.

El estrés crónico también puede desencadenar comportamientos autodestructivos, aislamiento, sedentarismo, ansiedad, agresividad, trastornos alimentarios y llevar a las personas que lo sufren al consumo de sustancias perjudiciales como las drogas, el tabaco y el alcohol.

El estrés crónico puede desencadenar comportamientos autodestructivos, aislamiento,ansiedad, agresividad, trastornos alimentarios

El estrés depende de la valoración que las personas hacemos de las situaciones que estamos viviendo y de los recursos que tenemos para hacerles frente. Y esa valoración inicial (del daño, pérdida, amenaza o reto al que nos enfrentamos) y también la secundaria (de los recursos que disponemos para hacerle frente) está relacionada con nuestras creencias, actitudes, regulación emocional, patrones de conducta y estilos de afrontamiento, así como del nivel de apoyo social percibido.

Las situaciones estresantes pueden ser de muchos tipos, tanto eventos de gran importancia como multitud de sucesos menores. Además, las situaciones que provocan estrés no sólo son por exceso (mucho trabajo, sucesos traumáticos, numerosos contratiempos o conflictos personales), sino que también pueden ser por situaciones de déficit (falta de sentido vital, aburrimiento, sentirse poco valorado).

Aunque los síntomas del estrés puedan disminuir con la toma de medicación, esto no soluciona el problema, por lo que a veces es necesario solicitar atención psicológica, lo que a su vez se puede combinar con la realización de ejercicios de reducción de estrés basado en Mindfulness (como el programa MBSR) y la práctica regular de hábitos más saludables.