Mireia Hurtado

Mireia Hurtado es de aquellas personas que hablan desde el corazón. Le miras a los ojos y ves una honestidad en la que el engaño no tiene lugar. Cree firmemente lo que defiende desde su conocimiento y experiencia como psicóloga y especialista en dietética, nutrición y alimentación consciente, y esto es que las dietas no funcionan y que no son la solución para llevar a cabo una vida sana, en la que se incorporen hábitos saludables y el estar bien con uno mismo.

Hurtado da argumentos ‘de peso’ para avalar su postura. Afirma que muchos estudios demuestran que la mayoría de personas que siguen dietas, tras un mágico periodo inicial de entre 3 y 6 meses en el que consiguen ‘soltar lastre’, empiezan a recuperar los kilos perdidos y, entre 2 y 5 años después, entre el 95% y el 99% de ellas acaban recuperando su peso original. Es más, sostiene que entre el 30% y el 60% de esos sufridos ‘adelgazadores’ incluso llegan a pesar más que al principio, cuando iniciaron el régimen. “Y es que hacer dieta a largo plazo, es misión imposible”, concluye rotunda.

“El cuerpo acaba interpretando que está pasando por una época de restricción y de hambruna (a causa de la dieta) y acaba enviando señales internas, a nivel hormonal y nervioso, para que el organismo guarde más por si acaso, guarde más por si lo vuelven a poner en esa hambruna, en esa escasez. Entonces el cuerpo se habitúa y el metabolismo se acaba lentificando. Por eso las dietas, no solo no funcionan, sino que hacen daño al metabolismo”, afirma la especialista.

Pero no se posiciona contra las dietas solamente por el efecto rebote o yo-yo. Hay una razón de mayor calado para que rechace este tipo de restricciones alimentarias, considera que el tener unos kilos de más solo es el síntoma de un problema más profundo, y que si no se aborda este problema y se soluciona, de nada servirá aplicar un régimen.

A su juicio, si lo que uno quiere es cuidarse y sentirse mejor, no tiene sentido hacer planteamientos a corto plazo para perder unos kilos de más a través de una dieta. “Si basas tu planteamiento en el corto plazo, ahí es donde está la lucha, porque perderás unos kilos, los volverás a recuperar, los perderás de nuevo y los volverás a ganar e incluso sumarás algunos más… y al final, con el tiempo, es posible que te des cuenta de que cuando empezaste a hacer dieta, a lo mejor hace 15, 20 o 30 años, tampoco estabas tan gordito o gordita, igual te sobraban unos kilos pero no estabas tan mal, y ahora igual tienes un sobrepeso de 20 o 30 kilos”, advierte la psicóloga basándose en lo que ve en su consulta.

Las dietas milagro a corto plazo, el exceso de información sobre alimentación (qué es bueno, qué no, qué hay que comer, qué dietas son las mejores, etc), el estrés al que nos somete la vida moderna (que nos hace funcionar constantemente en piloto automático sin ser conscientes de lo que comemos y de lo que sentimos), junto a los patrones adquiridos de comer emocional (el llamado hambre del corazón, que te lleva a ingerir alimentos para tapar los sentimientos que te hacen sentir mal), son los factores responsables de que hayamos perdido el contacto con nosotros mismos y con nuestras necesidades alimenticias.

Por si fuera poco, también está presente la poderosa industria alimentaria, que a través de la publicidad nos tienta constantemente para que comamos alimentos que, por lo general, están repletos de azúcar, sal o grasa. Y por el otro lado están los cánones de belleza de la sociedad actual, con modelos súper delgadas, tallas imposibles y músculos de atleta. Estamos rodeados, denuncia Mireia, que también critica que en este panorama abrumador, la única solución que se nos brinda o la que se nos presenta como más óptima sean las dietas.

Además de no ser efectivas, según esta especialista, los estudios demuestran que las dietas causan daños debido a las restricciones que imponen a las personas que las siguen. “El cerebro interpreta que está en escasez, no solo de nutrientes, sino también emocional, porque uno se está prohibiendo cosas. No me permito disfrutar del chocolate, ni de la comida, y esto lo que lleva es al patrón contrario, al atracón”, explica Hurtado.

Tenemos que entender que una persona que acaba acumulando muchísimo peso se debe a múltiples causas, no es solo lo que come, pero también influye el estatus social, o incluso si se ha sufrido acoso escolar de pequeño. Detrás de toda persona, detrás de sus hábitos, siempre hay una historia. Entonces, enfocarlo solo en la comida no tiene sentido. Es una historia que abarca un problema mucho más amplio, estrés, piloto automático, situación socio-económica… y enfocar todo ese problema solo en el peso no ayuda a esas personas, porque el peso es solo un síntoma de todo eso”, comenta la especialista.

“La gente piensa que esto va de cerrar la boca, y no va de eso. Que con menos calorías y menos ejercicio se arregla todo, pero si esa fórmula mágica funcionara, no estaríamos en el contexto que tenemos ahora, que es mucho más complejo”, advierte.

Por eso, otro de los pilares en los que se asienta el enfoque de Mireia Hurtado es el cultivo y fomento de la autocompasión (el deseo profundo de estar bien, de aliviar el propio sufrimiento), porque es un factor de protección frente a todos estos elementos negativos que nos presionan. La autocompasión es una motivación que nos lleva a cuidarnos, a emprender acciones que cuiden nuestra salud, protegiéndonos de todo el contexto externo que no nos ayuda a cuidarnos.

Y el primer paso para trabajar la autocompasión empieza por la aceptación corporal y la aceptación de uno mismo, de nuestro cuerpo, es una forma de superar la vergüenza. Entender que el cuerpo de uno es así ahora y que merece la pena cuidarlo independientemente de su forma, su tamaño u otros aspectos del mismo.

“Y esto no va de que mi cuerpo me tenga que gustar, porque lo que hacemos es luchar para que nuestros cuerpos nos gusten, porque en el fondo creemos que cuando esté más delgada me sentiré más aceptada socialmente. Pero todo esto nos genera mucha lucha, porque en el fondo lo que estás haciendo es rechazando tu yo actual, lo que uno es. Estamos siempre persiguiendo, persiguiendo. Por eso el primer paso (para incorporar esos buenos hábitos) es aceptarse como uno es, y desde aquí, con estas habilidades de autocompasión, qué es lo que puedo hacer para apoyar mi salud”.

Y en ese camino se llega a las técnicas del Mindful Eating, para reconectar con nuestros cuerpos, con la sensación de hambre y saciedad. “Hay algo que yo puedo hacer por mi salud y es aprender a escuchar mi cuerpo, porque es una sabiduría innata interna que tenemos todos. Y de lo que se trata es de aprender esa información, cuándo tengo hambre, cuándo estoy saciado, aprender a diferenciar, a escuchar las señales de hambre que envía nuestro cuerpo y aprender a diferenciarlas de otras experiencias internas como las emociones, los pensamientos… Es como un entrenamiento en el que se lleva la atención al momento presente y se desarrolla la habilidad de parar cuando uno ya está saciado”.

Se trata de encontrar dentro lo que llevamos tanto tiempo buscando fuera y confiar, por fin, en nosotros mismos.

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