La cita era a las 13 horas en el edificio Calderas, y a fe que la pequeña nave del Campus Mundet de la Universitat de Barcelona hacía honor a su nombre. Se trata de un pequeño polideportivo en el que, superado el mediodía, hacía una temperatura ambiente digna de un horno. Pero el calor reinante no parecía ser un problema para la treintena de participantes en el programa Escuelas Despiertas. Quizás, al contrario, sus ganas y buen rollo tenían mucho que ver con el aumento de la temperatura. La felicidad es una energía cálida, o eso dicen.

Pilar Aguilera se desenvuelve con soltura entre el grupo. En el momento de mi llegada parecía que estuvieran jugando a la gallinita ciega. Por parejas, unos hacen de lazarillos y conducen a sus compañeros, con los ojos tapados, a explorar el mundo, compuesto básicamente de aros, pelotas y pequeñas escaleras de goma-espuma que conducen a ninguna parte.

Aguilera les guía, les da instrucciones y los conduce hacia sí mismos, hacia su interior, hacia sus sensaciones, hacia la experiencia del momento. Aunque a la vez que les alienta a reconectarse con la naturaleza. De eso se trata el programa de mindfulness aplicado a la educación Escuelas Despiertas, que el Institut de Ciéncies de l’Educació ofrece a los profesores desde hace cinco años.

El curso se ha ampliado con otros dos niveles, uno para que los docentes puedan facilitar la práctica de la atención plena a los alumnos, y otro destinado a los padres y a las fa1milias, para que apliquen estas técnicas en casa.

“He estado durante muchos años en la comunidad de  Plum Village, asistiendo al monasterio del maestro budista Thich Nhat Hanh. Y la verdad es que me ha beneficiado mucho. Es un camino muy largo en la vida, un proceso de experiencia que me ha aportado la capacidad de decir: ‘Si a mí esto me va bien, por qué no transmitirlo a los profesores y a los niños”, explica Aguilera a modo de introducción de la entrevista que ha concedido a Camino del Cambio.

Durante estos cinco años, más de mil profesores han pasado por los cursos de Escuelas Despiertas. Docentes de varios países y de distintas ciudades de España.

En el intensivo que se ha llevado a cabo en julio había maestros de Chile, Argentina, Francia e Italia, y también de muchos lugares de España, como  León, Tenerife, Málaga, el País Vasco, y Galicia. Los responsables del programa ignoran el número de escuelas que han integrado las prácticas del mindfulness en sus clases, no las tienen contabilizadas, pero tienen claro que son “muchísimas”.

Pero ¿en qué consiste ese curso? Aguilera lo resume así: “Tenemos un curso para cultivar el mindfulness, porque creemos que es muy importante poder despertar esa presencia en ti mismo. Y de esta forma podemos impregnar el ambiente hacia afuera. Si somos capaces de abrirnos desde dentro, y de esa manera despertar nuestra presencia, seguro que vamos a poder contagiar esa práctica, esa manera de hacer, de reconocer a los demás, de estar presentes para los demás en las escuelas”.

Aguilera explica que el programa comienza haciendo mucho énfasis en actividades relacionadas con la respiración, y que ayudan a conectar con la propia presencia. “Siempre en comunidad, creando conexión entre los diferentes compañeros. Y vamos tomando conciencia del cuerpo, de las emociones, de cómo transformarlas, de cómo transformar el sufrimiento y cómo ser más amables con nosotros mismos”.

La formadora considera que el programa también puede ser muy beneficioso a la hora de paliar el síndrome del trabajador quemado (burn out), tan abundante en el sector educativo, y que para Aguilera tiene mucho que ver con la pérdida del contacto con nuestra esencia más natural.

Además de ayudar en la lucha contra el ‘burn out’ del profesorado, el mindfulness también es efectivo en la lucha contra el acoso escolar o los trastornos de atención TDAH, diagnosticado cada vez a más alumnos.

Unas técnicas que ponen el eje de atención en la gestión emocional, una de las asignaturas pendientes de muchas escuelas.  “Es muy importante, porque si no somos capaces de tomar consciencia de quienes somos, de nuestras emociones, de cómo estamos en el mundo, es muy difícil poder vivir de una manera más racional. Es clave, porque es saber reconocer lo que siento, lo que siente el otro, desarrollando la empatía, tener compasión hacia las dificultades que tienen los compañeros, en vez de hacerles la vida insoportable”.

Pilar Aguilera

Pilar Aguilera, formadora del programa Escuelas Despiertas.

Las técnicas de mindfulness parten de la base de que tomando conciencia de la respiración se consigue aquietar la mente y se empieza a tener más conciencia del propio cuerpo, de las sensaciones, y de cómo poder calmarlo. Muchas veces vamos tan rápidos y estresados en el día a día que no somos conscientes ni de que tenemos un cuerpo. “Es como si la mente fuera por un lado y el cuerpo por otro”, resume Aguilera.

Entonces, ¿la clave del mindfulness es conectar con uno mismo y con los otros? Y la formadora añade: “Y con el mundo. Cuando estamos presentes para nosotros tenemos más habilidad para poder estar presentes para el otro y siempre incluimos a la naturaleza y al planeta. Porque el mindfulness es un camino para nosotros, es una manera de vivir, una manera de estar en el mundo, de ser ético también. De descubrir que este mundo lo tenemos que cuidar”.

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